Reflexiones 2014     

                                                    “Suelo regresar eternamente al Eterno Retorno” J.L.Borges

Finalizando este año 2014, tenía el deseo de expresar de alguna manera los asuntos que rondan mi mente constantemente las ultimas semanas y meses. Quizás un hecho sea el de llegar a aunar todas mi inquietudes, intereses y quehaceres en una unidad coherente… o en un solo acto… como los actuales hombres de ciencia que desean encontrar una teoría abarcadora del todo, simple y elegante. Mas me parece que eso no será posible ahora… al menos en estos tiempos. Creo definir uno de mis mayores objetivos como la búsqueda de un estado contemplativo, de completa consciencia y comprensión acerca de los misterios, un estado en el que no hay percepción del tiempo ni del espacio y en el que ya no sea necesario algún intento de ahogarse en esta realidad aparente… quizás es lo más cercano a un estado de meditación profunda, aunque mi desafío en esta vida es encontrarlo por medio de la música… o más bien a través del sonido, como una herramienta para hallar la verdad (o me atrevería a decir que es más bien la verdad la que intenta encontrarnos en el vasto mar de la ilusión). Desde mi perspectiva artística de las cosas, sin duda creo que el sonido-música adquiere una dimensionalidad superlativa cuando, con un sentido espiritual es capaz de crear un contexto, profundo y simple a la vez… es ahí que reside el arte como poder mágico… mágico en el sentido de que tiene la cualidad de generar cambios trascendentales en el ser y en la realidad. Es y será mi primordial ideología.

Últimamente aspectos de la cuántica, la relatividad, las teorías multidimensionales y multiuniversales, los conceptos de sincronicidad y unus mundus jungiano y el absolutismo ocupan gran parte de mis pensamientos, a la vez desde el estudio de la teosofía, del tao, del budismo, del hinduismo, del brahmanismo, de las religiones arcaicas y las mitologías perdidas, y finalmente gracias a las personales revelaciones oníricas y las experiencias místico-chamánicas, es que creo en la existencia de una infinidad de planos y sucesos invisibles a nuestros sentidos y en un estado último y primigenio, el cual es esencia, origen y fin de todas las cosas, de dicho estado, estamos aun muy lejos de poder imaginarlo tan siquiera en una mínima expresión, pero al menos en un intento a escala humana, es posible crear la consciencia de que esta realidad no se compone sólo de lo que percibimos, no son solamente los objetos de los sentidos que rigen todo lo que podemos comprender, y al menos desapegarnos de la ignorancia que inunda nuestra hipotética existencia potencialmente holográfica (por cierto algo muy probable).

Tratando de llevar algo de todo lo que mi inspira al mundo de los sonidos, imagino innumerables obras… o más bien una sola obra con infinitas posibilidades de manifestación sagradas, intentando revelar algo que definiría como arquetipos sonoros. Así como Borges llegó a imaginar el fenómeno de los Hrönir, los cuales solían ser objetos que aparecían en un mundo producto de la sugestión de un objeto en la realidad, recientemente tiendo a pensar en la idea de que quizás toda obra musical, tan solo sea una sugestión producida por medio de la existencia de un sonido magnánimo y omnipresente; y más aún… quizás este universo completo tan solo sea una mera ilusión producida por la sugestión de un universo inconcebiblemente mayor dentro de la mente de algún ser que quizás podría definirse como un dios, o al menos una entidad superior a la nuestra como un gran agujero negro en un universo cuatridimensional en el cual nuestro universo es sólo una proyección en su horizonte de sucesos tridimensional, últimamente postulado… una explicación ciertamente no muy alejada de la descripción de la tríada de dioses puranicos y cómo crearon nuestro mundo. Siento que en todo esto, actualmente la humanidad se ve reflejada exactamente en los sujetos que sólo pueden ver las sombras de los cuerpos proyectados por la luz del fuego del mito de la caverna, quizás apenas comenzamos a voltear nuestras cabezas, pensando que todo lo que podíamos ver era lo único que podría existir.

Llevo más o menos un año creando mi proyecto sonoro personal respecto de estas ideas, inspirado principalmente sobre el concepto de vacuidad, meditaciones sobre el vacío, como el Sutra del Corazón, sobre el cual he trabajado durante algunos meses; hasta el vacío cuántico, un fenómeno que me llena de curiosidad; sobre el Aleph y otras esferas-agujeros creo que es un tema que exploraré a futuro, así como muchísimas otras incógnitas; en todo esto siento que mi proceso artístico es la pieza de mi rompecabezas que determina la forma de la imagen, es como ir desatando nudos en el alma, un camino interno que cada uno debe recorrer de un modo único, creo que el mío es por medio del sonido. La verdad es que aun estoy trazando un paso preliminar, el cual, espero obtener algunos frutos en el corto plazo, el resultado sería un arte sutil e intenso, emotivo y misterioso…

No ha sido fácil, por el principal motivo que debo trabajar y dedicar gran parte de mi corta vida a una gran serie de diversos proyectos, trabajando para otras personas, o en conjunto, o en solitario. De entre los cuales quizás el mayor sea mi dedicación a la música antigua, la cual estoy comenzando a conocer, en un intento por comprender la realidad y la concepciones de otros tiempos. Respecto de los instrumentos musicales que ejecuto, a diario me he propuesto asimilar en cuerpo y mente un amplio repertorio dedicado a la viola da gamba, entre ellos Marais, Bach, Abel, Machy, Kuhnel, Rognoni, Hume, etc. acabando hace algunas horas de tocar 150 piezas para viola sola de St. Colombe, un músico excepcional. Paralelamente desarrollo una técnica para tañer la vihuela d’arco, que puede ser la más cercana a las que se utilizaban en España e Italia durante el S.XV. Para muchos la vihuela d’arco parece un instrumento bastante insólito, poco usual, pero la verdad es que fue un instrumento ampliamente usado a lo largo de toda la península ibérica, Italia, Sardegna y Sicilia por al menos 150 años, y se pueden encontrar decenas de registros iconográficos al respecto, incluso actualmente existen muchos instrumentos folclóricos en el mediterráneo europeo e incluso América del Sur, que en parte provienen o están emparentados con la vihuela (o viola renacentista), en su repertorio he aplicado danzas y cantigas anónimas y algunas composiciones propias del periodo adaptadas para la vihuela d’arco, y otras melodías provenientes de varias tradiciones, ejecutándolo como un instrumento capaz de cumplir variadas funciones, comprendiendo las técnicas de otros instrumentos similares esparcidos por el mundo, como el rabel, el rebec, la lyra, el morin juur, el masinko, el crwth, el rebab, el sarangi por nombrar algunos, y por cierto el uso de la voz en sus amplias posibilidades (estudio al que dediqué todo el 2013 culminando con 2 composiciones estrenadas exactamente hace un año), me han aportado una amplia variedad de formas de entender la música que investigo e interpreto, descartando la teoría organológica de Sachs, debido a que la práctica musical intuitiva siempre ha antecedido a las abstracciones racionales; y sabiendo que la técnica no es un modo absolutista y pragmático para hacer música, sino que es sólo una solución probable en función de la expresión artística que identifica un estilo, lenguaje, periodo y/o lugar determinado. Esto es algo que he visto muy escasamente en los músicos que actualmente se especializan en este tipo de instrumentos del medioevo o del renacimiento, pero sin duda que experimentar con este tipo de aspectos me han acercado enormemente a la comprensión de los sonidos que habían en aquellos lugares y tiempos, y que tanto me han inquietado; y de este modo, enriquecer nuestro presente y hacernos cada vez más conscientes de lo que somos fehacientemente en términos culturales.

Difícil tarea la de convivir con realidades y conceptos aparentemente disímiles. Por una parte el estudio de las músicas antiguas y de tradición, por otro trabajando con estéticas, procesos y tecnologías que no tienen más de 20 o 15 años de existencia, una gama de influencias que van desde el arte sonoro, la electrónica y el minimalismo, hasta estilos más específicos como el drone y el dark ambient, todos ellos, sin definiciones determinantes, en constante evolución y, que sin duda me han ayudado a ampliar mi espectro creacional, y por ende las herramientas para plasmar las dimensiones no visibles que me inspiran. Suelo creer que no son mundos muy distintos, lo que me ha motivado por ambos lados ha sido la búsqueda de experiencias auditivas, sonoridades complejas, enriquecedoras y capaces de transportar la mente. Son mundos que me llenan de curiosidad y asombro, mucho más que perpetuar una disciplina estandarizada y generalizada como parte de la globalización; cada vez que genero un sonido nuevo o exploro regiones desconocidas para la mayoría creo sentirme más vivo. Mas, no sé si sea un aspecto negativo de mi psiquis, pero constantemente pienso en los sucesos futuros, siempre imagino una gran posibilidad de proyectos por venir, los que por un parte, lamentablemente me alejan del presente, aunque por otro lado me alegro cuando aquellos proyectos comienzan a ser parte del ahora, y no me percato cuando finalmente son parte del pasado, indicios de que existe un proceso de evolución positiva en el sendero. Ignoro lo que vendrá en el futuro, pero sin duda mi voluntad la concentro en expandir los horizontes, sin ninguna frontera de por medio… debo decir que me inquietan enormemente ciertas realidades y entornos inhóspitos, ignotos, desolados, y me embarga la necesidad de hacerlos presentes en el mundo moderno e irrumpir el concepto de cultura contemporánea, del cual solemos creer que es todo lo que hay, ante eso me motiva saber que afuera existe un vasto mundo que no terminaremos de conocer… imagino lo sonidos de los valles antárticos, monumentos megalíticos, cavernas reverberantes, el gélido viento de una isla distante, la profundidad abismal y lovecraftiana del océano, los inviernos de un bosque pretérito, la frágil caricia de sus hojas, la pureza de un cristalino arroyo… en conclusión: la perfecta simplicidad de todo y cada uno.