Una crónica intermedia

Estos días he estado viviendo uno de los procesos de mayores cambios en mi vida, a la vez que me veo en la obligación de invertir gran parte de mi tiempo en practicar viola da gamba para los conciertos y los exámenes que he debido rendir; he tenido que dedicar la mayor parte de mi tiempo a preparar todo lo necesario para hacer posibles mis viajes, sobre todo mi campaña de Crowdfunding… todo sumado a problemas personales no menores.

A pesar de todo, siento una gran felicidad interna por estar logrando objetivos gracias a la ayuda de muchas queridas personas. Y el hecho de estar viviendo procesos cruciales me llena de vitalidad y de ganas de inundarme de experiencias trascendentales y enriquecedoras. De lo único que me lamento estos días, es de tener muy poco tiempo para crear, a pesar de tener muchos proyectos pendientes y otros en proceso que tengo sólo y en colaboración, incluyendo una interesante gama de estilos y tendencias desde la música tradicional y la música antigua hasta los proyectos más puramente experimentales y electrónicos. Recientemente he realizado una serie de registros de obras de distintas partes del mundo que he recopilado los últimos años, en colaboración con algunos de los músicos que más estimo; colectivamente como miembro de Eunk tenemos una seria de proyectos discográficos que estarán dando a luz prontamente; un proyecto solista que he titulado Anatomía de la Vacuidad, el cual debiera ser estrenado como un album en algún momento, entre otras composiciones que iré publicando en la red; y ante todo lo que está más presente en lo profundo de mi subconsciente es el proyecto Dyrgaist.

Cuando digo crear, no sólo es crear una composición, si no también crear ideas, proyectos o simplemente poder sentarme a escribir, como lo hago en este momento. Sólo he podido escribir ahora, gracias a la abrazadora lluvia que ha bañando gran parte de Chile y que en parte, impide realizar las actividades habituales. Agradezco a la lluvia, a la naturaleza que nos brinda sus necesarios cambios. Hay tiempo de recogimiento, tiempos de inspiración, tiempos de meditación y tiempos para exteriorizar y compartir todo lo que cultivamos internamente. Creo que la vida es un constante devenir entre las vivencias internas y externas, lo socialización como forma de aprendizaje es enriquecedora para mí siempre cuando haya vivido un momento de introspección que me permite desarrollar mi interior y compartirla hacia los demás. Bajo esta perspectiva todo arte cumple un profundo rol social, el arte no existe archivado y olvidado entre muebles abandonados, si no hasta que éste finalmente es develado a la humanidad, por este motivo es que me veo en le necesidad de compartir constantemente lo que hago, la música que toco, los proyectos con los que trabajo, etc. De no ser así, sentiría vergüenza al decir ser un músico sin que nadie halla escuchado mi música.

Tras haber vivido intensas semanas en Francia, gracias a la ayuda de tantas personas hermosas y las más maravillosas vivencias, como lo fue estar en el festival Le Son Continu, y haber presenciado conciertos con músicos tan admirables y diversos como Jordi Savall, Valentin Clastier, Ibrahim Maalouf, entre otros; siento que mi música y mi actitud frente a la vida ya no puede ser la misma. Siento que en muchos sentidos he recobrado mi capacidad de asombro y de ver al mundo entero como un gran y omnipresente maestro del que nunca terminaremos de aprender, un maestro presente en todas las cosas y en cada persona, por tanto he comprendido que no hay motivos para actuar con arrogancia sobre esta tierra y la humildad ante todo es una de las virtudes que más admiro de una persona.

Sobre lo que inquieta mi mente, además de todos los asunto terrenales propios de un proceso de cambio de vida, a menudo me planteo el problema de no poder definirme artísticamente fácilmente, en pocas palabras. Si me preguntan acerca de lo que me inspira o lo que me motiva a hacer música, o simplemente lo que me gusta… confieso que son las preguntas más difíciles de responder. Pues, muchas veces puede parecer una incongruencia dedicarme al estudio de la música antigua, realizar grabaciones de campo, loopear, estudiar las músicas del mundo y participar en festivales de música tradicional, improvisar, escribir, estudiar literatura mística y científica. Cuando me encuentro con personas de un ambiente determinado en un ambiente distinto, estas se sorprenden de cómo un improvisador experimental puede ir a bailar música electrónica o de otros tipos, o cómo un violagambista experimenta con paisajes sonoros, o más aun, cómo ser capaz de estudiar y creer en temas científicos y esotéricos a la vez. Ante eso, a mi también me cuesta comprender el hecho de mantener y creer en una vida completamente lineal e inconexa con la mayor parte de lo que te rodea, como si la existencia careciera de múltiples conexiones, de redes interminables. Claro que toda actividad implica una gran dedicación, sin lugar a dudas mi mayor disciplina es tocar un instrumento musical, la interpretación y en segunda instancia es la creación, mas la creación propiamente tal muchas veces la percibo en un estado atemporal, si podría explicarlo de algún modo, creo que es posible imaginar una obra compleja y completa en muy pocos segundos, aunque el proceso de producción y/o realización puede requerir de un tiempo mucho más extenso. Lo que claramente ha sido un hecho, es que todos mis intereses y mis ganas de aprender de diversas áreas de la cultura han enriquecido significativamente mis capacidades creativas, así como también mi lenguaje interpretativo, mas aun siento que he encontrado una fuente inagotable de inspiración que me motiva a crear constantemente.

Después de todo, pienso que el conocimiento esta presente en todo, todo depende de todo, nada es completamente falso, ni del todo real, y mi única verdad es que la verdad es un sola.

Naturalmente tiendo a autogenerarme discusiones mentales sobre el tema, pero lo que me tranquiliza es que en todo lo que hago y lo que me gusta encuentro un sustrato subyacente en el que, de algún modo todo está unificado. Es la capacidad de conectarme con lo más profundo, aquello que es arcano, y que a la vez trasciende, a pesar de que la historia ha olvidado y borrado muchos sucesos, siempre algo quedará, algo imposible de destruir mediante guerras, catástrofes, enfermedades y errores humanos. Y es un conocimiento al cual de alguna manera siempre podremos acceder.

Lo que siento al manipular sonidos sacados del entorno, procesándolos digitalmente, o lo que busco al generar paisajes sonoros oscuros y contemplativos, es lo más cercano a un estado de meditación profunda en el que la mente es capaz de atravesar toda frontera imaginable y a la vez estar más presentes en el aquí y el ahora que incluso durante nuestras propias vidas cotidianas. Es algo más allá de una sensación, es una indefinible y misteriosa experiencia que nos conecta con aquello que yace invisible. Y aquello es algo muy cercano a lo que siento al revivir sonoridades antiguas, al traerlas a nuestro presente, al tocar un instrumento que permaneció olvidado durante siglos o melodías milenarias que estuvieron perdidas en pueblos recónditos y que gracias a las facilidades de nuestro tiempo puedo estudiar a través de las redes, puedo tomar un avión, cruzar la mitad del globo y ejecutar sonidos desconocidos para la mayoría frente a un público inesperado, todo aquello es algo único e indescriptible si se trata de definir sentimientos. Sin duda todo este fenómeno es algo en lo que tengo aun toda una vida por descifrar y muy probablemente mi obra quedará inconclusa.

Creo que cada acto sea sonoro o musical es una especie de plegaria hacia lo infinito, una invocación a lo ignoto, lo imperturbable y lo inconmensurable.